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FOLIO N.º 04 | PROSA

21 DE JULIO DE 2026

El sacrificio de la memoria

Anotaciones al margen sobre el olvido y las ruinas de la infancia.

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Anotaciones al margen sobre el olvido y las ruinas de la infancia. ¿Qué queda de un nombre cuando todos los que lo pronunciaban han guardado silencio? Un recorrido entre estatuas de sal y jardines marchitos donde el tiempo no avanza, simplemente se acumula como polvo sobre el mármol.

Recuerdo la casa vieja no por sus muros, sino por las grietas que cruzaban el yeso del techo. En las tardes de verano, cuando el calor volvía denso el aire del patio, aquellas marcas parecían ríos secos trazados por una mano invisible. Nadie hablaba del pasado en esa mesa; se consumía la sopa en un silencio ritual, interrumpido únicamente por el tintineo de los cubiertos contra la porcelana desgastada.

«Aprender a olvidar no es un acto de voluntad, sino una erosión lenta que desgasta los bordes de lo que alguna vez dolía.»

Hoy he vuelto a examinar aquellos cuadernos de tapas de cuero gastado. Las palabras, trazadas con una tinta que ha virado al sepia con los años, parecen pertenecer a un desconocido. Hay una extraña piedad en el olvido: nos protege de la intensidad con la que alguna vez sentimos las cosas pequeñas.

Al final, el cordero no se sacrifica en un altar de piedra, sino en la memoria cotidiana, cada vez que dejamos que un recuerdo se apague sin intentar retenerlo.

Escrito en las horas muertas